
(Traducción preliminar, no oficial)
Nosotros, los delegados de la Conferencia Mundial sobre la Reducción de Desastres, nos hemos reunido del 18 al 22 de enero del 2005 en la ciudad de Kobe, Prefectura de Hyogo, Japón, la cual ha mostrado una notable recuperación después del gran terremoto de Hanshin-Awaji, ocurrido el 17 de enero de 1995.
Les expresamos nuestras mássinceras condolencias y muestras de simpatía a las personas y comunidadesque han resultado afectadas de forma adversa por los desastres, al igual quenuestra solidaridad, particularmente con aquellas devastadas por el desastresin precedentes que ocasionaron el terremoto y el maremoto en el océano Índicoel 26 de diciembre del 2004. Elogiamos los esfuerzos que estas personas, susgobiernos y la comunidad internacional han realizado para responder a esta tragediay superarla. En respuesta a la Reunión Especial de Líderes de laAsociación para la Cooperación Regional en Asia Meridional (ASEAN,por sus siglas en inglés),sobre las consecuencias de terremoto y del maremoto,celebrada en Jakarta el 6 de enero del 2005, nos comprometemos a brindarles asistencia,incluyendo lo que respecta a las medidas apropiadas relacionadas con la reducciónde desastres. También creemos que las lecciones aprendidas de este desastreson relevantes para otras regiones. A este respecto, una sesión especialsobre el reciente desastre causado por el terremoto y maremoto, convocada durantela Conferencia Mundial para revisar tal desastre desde un punto de vista de reducciónde riesgos, produjo como resultado la "Declaración Conjunta de laSesión Especial sobre el Desastre del Océano Índico: Reduccióndel Riesgo para un Futuro más Seguro".
Reconocemos que la comunidad internacional ha acumulado mucha experiencia en cuanto a la reducción del riesgo a través del Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales y la subsiguiente Estrategia Interna-cional para la Reducción de Desastres. En particular, hemos aprendido mucho al tomar medidas concretas de conformidad con la Estrategia y el Plan de Acción de Yokohama para un Mundo más Seguro, incluyendo lo referente a las brechas y desafíos existentes desde la Conferencia de Yokohama en 1994. No obstante, estamos profundamente preocupados de que las comunidades continúen experimentando excesivas pérdidas de vidas humanas y valiosas propiedades, al igual que graves daños y desplazamientos considerables debido a una variedad de desastres a nivel mundial.
Estamos convencidos de que los desastres socavan gravemente los resultados de las inversiones de desarrollo en un lapso muy breve de tiempo y, por lo tanto, continúan representando un impedimento significativo para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza. También estamos conscientes de que las inversiones de desarrollo que no han logrado tomar en cuenta apropiadamente los riesgos de los desastres podrían incrementar la vulnerabilidad existente. El hecho de hacerle frente a los desastres y reducirlos de forma tal que posibilite y fortalezca el desarrollo sostenible en las naciones es, por consiguiente, uno de los desafíos más críticos que enfrenta la comunidad internacional.
Estamos resueltos a reducir las pérdidas que ocasionan los desastres en términos de vidas y otros bienes sociales, económicos y ambientales a nivel mundial, conscientes de la importancia que revisten la cooperación, la solidaridad y las alianzas internacionales, al igual que una adecuada gobernabilidad a todo nivel. Reafirmamos el papel esencial del Sistema de las Naciones Unidas en la reducción del riesgo de desastres.
Por ello, declaramos lo siguiente:
1. Nos basaremos en compromisos y marcos internacionales relevantes, al igual que en objetivos de desarrollo acordados internacionalmente, incluyendo los que abarca la Declaración del Milenio, con el fin de fortalecer las actividades mundiales para la reducción de desastres en el Siglo XXI. Los desastres ejercen un tremendo y perjudicial impacto en los esfuerzos a todo nivel para erradicar la pobreza mundial; el impacto de los desastres continúa representando un desafío significativo para el desarrollo sostenible.
2. Reconocemos la intrínseca relación que existe entre la reducción de desastres, el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, entre otros, y la importancia de lograr la participación de todos los actores sociales, incluyendo a los gobiernos, las organizaciones regionales e internacionales, las instituciones financieras, la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales y voluntarias; el sector privado y la comunidad científica. Por consiguiente, acogemos con agrado todas las actividades relevantes que se llevaron a cabo y todas las contribuciones realizadas en el transcurso de la Conferencia y su proceso preparatorio.
3. Reconocemos, asimismo, que una cultura de prevención y resiliencia ante los desastres, al igual que de estrategias afines anteriores a los mismos, las cuales representan una inversión sensata, deben promoverse a todo nivel, desde el ámbito individual hasta el internacional. Las sociedades humanas tienen que vivir con el riesgo de las amenazas que impone la naturaleza. Sin embargo, estamos lejos de ser impotentes en la preparación frente a los desastres y la mitigación de sus impactos. Podemos y debemos aliviar el sufrimiento ocasionado por las amenazas al reducir la vulnerabilidad de las sociedades. Podemos y debemos construir más aun la resiliencia de las naciones y comunidades ante los desastres, a través de sistemas de alerta temprana centrados en la gente, evaluaciones de los riesgos, educación y otros enfoques y actividades proactivos, integrales, multisectoriales y que aborden múltiples amenazas, en el contexto del ciclo de reducción de los desastres, el cual consiste en la prevención, la preparación y las respuestas de emergencia, al igual que en la recuperación y la rehabilitación. Los riesgos y amenazas de los desastres, al igual que sus impactos, suponen una amenaza, pero una respuesta apropiada puede y debe conducir a acciones que reduzcan los riesgos y vulnerabilidades en el futuro.
4. Afirmamos que los Estados tienen la responsabilidad fundamental de proteger de toda amenaza a los pueblos y propiedades de sus territorios y, por lo tanto, es esencial considerar que la reducción del riesgo de desastres es prioridad máxima en las políticas nacionales, coherente con sus capacidades y los recursos que les son disponibles. Coincidimos en que el fortalecimiento de las capacidades a nivel comunitario para reducir el riesgo es especialmente necesario, tomando en consideración que las medidas apro-piadas para la reducción de desastres a ese nivel les permite a las comunidades e individuos reducir significativamente su vulnerabilidad ante las amenazas. Los desastres continúan representando una seria amenaza para la supervivencia, la dignidad, las fuentes de sustento y la seguridad de los pueblos y comunidades, en particular de los pobres. Por consiguiente, existe la urgente necesidad de intensificar las capacidades de los países en desarrollo propensos a los desastres, en particular de los países menos desarrollados y los pequeños Estados insulares en desarrollo, para reducir el impacto de los desastres a través del fortalecimiento de esfuerzos nacionales y la intensificación de la cooperación bilateral, regional e internacional, incluyendo la asistencia técnica y financiera.
5. Por lo tanto, adoptamos el "Marco para la Acción de Hyogo, 2005-2015: Aumento de la Resiliencia de las Naciones y Comunidades ante los Desastres" con sus resultados esperados, objetivos estratégicos y prioridades para la acción, al igual que sus estrategias de implementación y seguimiento, como marco rector de la reducción de desastres para el próximo decenio.
6. Consideramos que es de fundamental importancia traducir el "Marco para la Acción de Hyogo 2005-2015: Aumento de la Resiliencia de las Naciones y Comunidades ante los Desastres" en acciones concretas a todo nivel y que, a través de la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres, se les brinde seguimiento a sus logros con el fin de reducir los riesgos y vulnerabilidades ante los desastres. También reconocemos la necesidad de desarrollar indicadores para seguir con atención el progreso de las actividades para la reducción del riesgo de desastres, según sea apropiado para circunstancias y capacidades particulares, como parte del esfuerzo para hacer realidad los resultados esperados y los objetivos estratégicos trazados en el "Marco para la Acción de Hyogo". Subrayamos la importancia de fortalecer las interacciones de cooperación y de sinergia entre los diferentes sectores involucrados, y de promover alianzas voluntarias para la reducción de desastres. También, decidimos desarrollar aun más los mecanismos para compartir información sobre programadores, iniciativas, mejores prácticas, lecciones aprendidas y tecnologías en apoyo a la reducción del riesgo de desastres, para que la comunidad internacional pueda compartir los resultados de estos esfuerzos y se beneficie de ellos.
7. Hacemos ahora un llamado a la acción por parte de todos los actores sociales, buscando las contribuciones de aquellos con aptitudes y experiencias específicas relevantes, conscientes de que la realización de los resultados de la Conferencia Mundial depende de nuestros incesantes e incansables esfuerzos colectivos, como responsabilidad e inversión compartidas para lograr un mundo más seguro del riesgo de los desastres dentro del próximo decenio para beneficio de las presentes y futuras generaciones.
8. Expresamos nuestra más profunda gratitud al Gobierno y al pueblo de Japón por haber sido la sede de la Conferencia Mundial sobre la Reducción de Desastres, y les damos las gracias particularmente al pueblo de la Prefectura de Hyogo por su hospitalidad.
Adoptada en Kobe, Hyogo, Japón el 22 de enero del 2005.
Informe de la Conferencia Mundial sobre la Reducción de Desastres. Kobe 2005.
Fuente. Dirección General de Protección Civil y Emergencias. División de Formación y Relaciones Institucionales.