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Dirección General de Protección Civil

Centro Europeo de Investigación Social de Situaciones de Emergencia

C E I S E

La aceptabilidad social del riesgo nuclear


Lo Complicado y lo complejo

Tanto el mundo de la materia, como de lo vivo y lo social está formado por sistemas que contienen subsistemas. Estos sistemas, a su vez, son subsistemas de otros sistemas de orden superior.

Hay sistemas complicados deterministas o de baja complejidad. En ellos se dan relaciones de proporcionalidad y de causa–efecto. Se puede saber con certeza la posición que un elemento tenía en el pasado y la que tendrá en el futuro con solo conocer su posición en un momento dado y la ley que rige su evolución. Sus elementos y estructuras tienen comportamientos dinámicos derivados de un numero finito y aprehensible de variables a las que les son aplicables, para su análisis y conocimiento, los principios de la física y de la mecánica clásica. (Newton, Laplace, Darwin, Marx)

Otros sistemas son complejos y no deterministas. En ellos grandes causas pueden tener nulos o pequeños efectos y pequeñas causas pueden producir grandes efectos. De pequeñísimas desviaciones en las condiciones iniciales pueden derivarse situaciones de futuro contrapuestas. La norma que rige la evolución de sus elementos y estructuras no esta sometido a causalidades sino a casualidades azarosas. Su comportamiento es más termodinámico que dinámico y el numero de variables que lo determinan es inaprehensible para la ciencia clásica. Al análisis de su evolución no le son aplicables, los principios de la mecánica y física dinámica o primera cibernética, sino los de la teoría de la complejidad o segunda cibernética. (Heysemberg, Lorenz, Prigogine, Keynes)

Una nave espacial, una computadora, son sistema complicados o de baja complejidad. El clima o una tribu amazónica son sistemas complejos.

Religiones y relaciones

Los sistemas se mantienen estables o metaestables por relaciones y atractores que sostienen unidos los distintos subsistemas, sus estructuras y sus elementos. En el mundo de lo social estas relaciones entre estructuras y elementos son flexibles y desiguales, lo que los diferencia de los objetos y otros sistemas del mundo de la materia, en los que las relaciones son rígidas, iguales o ambas cosas a la vez, como es el caso de los cristales.

En el mundo de la materia ya se conoce bastante que es lo que mantiene unido las distantes partes de un sistema en una situación cercana al equilibrio: la atracción entre las masas o gravitación, las fuerzas centrífugas y centrípetas, las conexiones atómicas y moleculares, etc..

En el mundo de lo social, las relaciones que le mantienen cohesionado son de orden cultural o creencias. De estas, la de mayor relevancia ha sido y sigue siendo la religión. La religión es un tipo de creencia que liga y re-liga a los elementos entre sí y a estos con las estructuras. Las religiones puede ser de orden trascendente, que son a las que más se les aplica el termino, o pretendidamente laicas y a las que se las suele denominar ideologías.

Cuando un sistema es atravesado por un punto catastrófico las consecuencias del impacto no están relacionadas con el numero de elementos afectados, sino en que medida el impacto altera o destruye las relaciones que unen las estructuras y a estas con los atractores y elementos.

Es decir, si en un hormiguero yo destruyo un número grande de elementos, supongamos el 50% de hormigas, es verdad que sufre una perdida pero el hormiguero repondrá esos elementos y no será afectado sustancialmente. pero si cambio los códigos de información y relación que las hormigas utilizan para comunicarse entre sí, el hormiguero no podrá seguir funcionando y se destruirá. Cierto que en el primer caso también se puede destruir el hormiguero, pero necesitaré matar casi al 100% de las hormigas y luego prenderle fuego, sino se rehará.

Dios, que creo al hombre ( no la sociedad que es obra y responsabilidad exclusiva de este último), y que no es tonto y aprende con la experiencia, cuando en un momento dado quiso castigar a la humanidad por la perversión en que había derivado actúa contra los elementos o individuos, matando a casi todos, incluidos los inocentes animales, con un fenómeno natural meteorológico en forma de diluvio, y deja solo, con la familia de Noé, un microsistema humano y animal a partir del cual se rehízo el mundo de lo vivo y de lo social, y encima no evitó que en el futuro surgieran nuevas Sodomas y Gomorras. Por ello y aprendiendo del costoso fracaso, cuando mas tarde tuvo que castigar la soberbia del hombre que quería conquistar el cielo con la construcción de un gigantesco zigurat, no los mató, simplemente les cambio los códigos de la lengua con la que se relacionaban. Al alterar la relación destruyó el sistema que pretendía construir la torre de Babel, y sin matar a nadie destruyó el sistema social, económico y político de aquellos hombres.

Supo Dios que lo que da sentido a una sociedad no son los individuos o elementos, sino las relaciones que les ligan y re-ligan entre sí. Sin relaciones no existe sociedad y con relaciones puede existir una sociedad aun cuando carezca de todo lo demás -territorio, moneda, ejército, etc.- (judíos, kurdos, kosovares, etc.); es por ello que los cambios sociales que se producen en una sociedad atravesada por un punto catastrófico va a depender de las alteraciones que se produzcan en las relaciones de cohesión entre elementos y estructuras y no en el mayor o menor número de individuos o elementos afectados.

Significa esto, que el saber, es decir la investigación sobre los efectos sociales de las catástrofes o la aceptación de riesgos, no puede basarse en el estudio de los efectos en los elementos o cosas afectadas, no nos dará ninguna información pertinente sobre el comportamiento del sistema social, sino en el estudio de los relaciones que le mantienen cohesionado y las consecuencias de su alteración. Para ello tendremos que utilizar nuevas metodologías de investigación y nuevos analizadores que nos informen del comportamiento del sistema social como entidad por si misma, dado que del análisis, generalmente hecho en base a las teorías de la decisión racional, de los comportamientos de individuos disjuntos, no se puede deducir el comportamiento del conjunto social. Del mismo modo que sería un error inferir los comportamientos y propiedades físicas del agua a partir del estudio desagregado de los atributos y propiedades de los elementos que la componen; lo determinante de las propiedades del agua no son los elementos sino una determinada relación, conocida como formula, que en condiciones o contextos ambientales específicos liga y re-liga los distintos átomos entre sí.

Los sistemas, entre ellos la sociedad, como entidades por si mismas tienden hacia la supervivencia con una lógica de comportamiento propia. Los subsistemas y elementos que lo componen tienden a su vez hacia su propia supervivencia con lógicas de comportamiento y de intereses que no tienen porque ser iguales ni entre si ni coincidir con los intereses del sistema del que son parte. Es más, una situación normal es que los sistemas, para su supervivencia, tiendan a sacrificar subsistemas y elementos haciendo que estos renuncien a su propia lógica de supervivencia y adopten las del sistema. Por ejemplo el soldado o el mártir, que atentan contra su lógica racional de supervivencia individual para adoptar las del sistema. No se puede inferir del análisis y estudio de comportamientos de elementos o individuos descontextualizados los comportamientos de la sociedad de la que son parte ni siquiera los comportamientos de esos mismos individuos formando conjunto en un contexto.

Lo social o sociedad, que es uno de los componentes que nos ocupa en esta reunión, es un sistema abierto que se ubica en lo mas alto de la escala por nivel de complejidad. "Ordenando los sistemas jerárquicamente sobre la base de su mayor o menor complejidad , advertimos que el nivel de los modelos teóricos utilizados en las ciencias sociales es totalmente inadecuado. Pasando del nivel de la estructura estática (anatomía) al del sistema dinámico simple (el reloj), al del sistema cibernética (el termostato), al del sistema abierto (organismo vivo), al genético-societario (las plantas), y al animal y humano de la organización social y de los sistemas trascendentales, se constata un aumento progresivo de propiedades sistémicas que ni remotamente las tienen en cuenta la economía o la sociología, cuyos modelos se mueven sobre todo en los primeros niveles de complejidad (estructura estática y sistema dinámico simple), y que sólo recientemente llegan de manera esporádica al nivel cibernética o de sistema abierto" (Boulding, Kennet)

Crisis y catástrofes

Tanto en el mundo de la materia, como de lo vivo y de lo social, los sistemas se conforman como unidades de consumo e intercambio energético con el entorno transformándola en materia e información. Cuando en una parte del sistema, que no esta preparado para absorberla, irrumpe gran cantidad de energía, del estado metaestable se pasa a otro de alta inestabilidad lejos del equilibrio con una gran carga de entropía o desorden. El sistema reacciona, en esta situación de desorden reestructurando sus componentes para buscar una nueva situación de equilibrio en un nivel irreversible de mayor complejidad. Este proceso, expuesto de modo muy elemental, conocido como "orden a través del desorden" es el paradigma científico desarrollado por Prigogine para el mundo de la materia, por Henry Atlan para el mundo de lo vivo y J.P. Dupuy para el mundo de lo social(Juan de Dios Ruano: "Autoorganización: Entre el orden y el caos").

Otra situación de alta inestabilidad de un sistema es la crisis o situación derivada de conflictos entre partes del mismo (competencia entre atractores, conflictos entre estructuras o entre estas y sus elementos.

La catástrofe puede a su vez ser causa contingente de crisis. Viceversa, la crisis puede tener efectos catastróficos.

Cuando confluyen una crisis con una catástrofe se producen las revoluciones o subversiones más profundas del sistema, si es que este no ha sido destruido en su totalidad, de forma previa, por la catástrofe o la crisis (Andrés García: "Resonancia política de las catástrofes").

La catástrofe se produce por tanto, cuando la cantidad de energía o información que llega a un sistema supera el umbral de capacidad de sus estructuras de absorción y transformación. Una energía atómica controlada mejora el sistema - la transforma en luz para leer, o radiografías para ver -; una irrupción brusca de energía atómica destruye el sistema. Una lluvia fina es un encanto, pero si desborda la capacidad de las alcantarillas es un desastre.

Lo expuesto sirve para argumentar que una sociedad que es atravesada por un punto catastrófico entra en una situación de alta inestabilidad o turbulencia caótica de la que emerge en un estadio distinto e irreversible de mayor complejidad que no puede ser predicho ni previsto por los paradigmas de la ciencia clásica, es decir de los sistemas dinámicos o de complejidad simple.

Peligro y riesgo

Las acepciones de peligro y riesgo son controvertidas. En el campo que nos concierne los intentos de definición de riesgo y peligro empiezan de modo paralelo al nacimiento en los años 50 de la nueva subdisciplina del riesgo social.

La mayoría de las idiomas (por ejemplo en inglés :hazard y risk) así como de los investigadores sociales (Kaplan y Garrick; Kates y Kasperson; etc.)les diferencia entre sí, identificando el peligro con la fuente de daño, y el riesgo como la probabilidad potencial de materialización de ese daño. En esta misma línea, las Naciones Unidas aconsejan tratar el riesgo como concepto estadístico de frecuencia o probabilidad de daños o efectos indeseados.

En el uso común del español, se permite tratarlos como sinónimos, pero no porque signifiquen lo mismo, sino por una licencia de extensión semántica debido a su contigüedad o continuidad. De hecho, el término riesgo en su forma verbal puede ser reflexivo y auto-referente al propio sujeto (arriesgarse); esta posibilidad gramatical no se contempla para el peligro porque este tiene su origen siempre fuera del sujeto.

Además la utilización como sinónimos de ambos términos, implica, o bien la perdida de información sobre uno de los parámetros de la relación entre una entidad-objeto dañina y otra entidad-sujeto afectada; o bien que no sepamos a que nos estamos refiriendo con dicho término.

En una inter-relación entre dos existencias, los peligros son efectos indeseados o dañinos para una de ellas producidos por cualidades o atributos de la otra.

El riesgo es la probabilidad que dicho daño se materialice en el caso de una interacción voluntaria en la que la existencia afectada es el sujeto de la relación. El riesgo como calculo probabilístico es potestativo de lo racional.

La asunción de riesgo es una secuencia en un proceso, en el que la fase de probabilidad de daños sucede a la percepcion de peligro y precede a la toma de decisiones para su afrontamiento.

La percepción del peligro

En el mundo de lo vivo o social, las existencias han desarrollado instrumentos sensibles para la detección de carga de daño potencial derivado de fenómenos, acontecimientos o presencias infaustas. Dichos instrumentos sensoriales pueden ser innatos o culturales.

La percepción del potencial daño, que una existencia puede sufrir en su ser o sus bienes, a través de estos órganos o instrumentos sensibles, es el peligro.

Dicha percepción depende de la capacidad y desarrollo sensible de sus órganos o instrumentos perceptores, los cuales pueden minimizar o hipercaptar posibles daños y que los mismos no se correspondan con el daño real que la existencia expuesta al fenómeno va a sufrir.

Existen pues dos tipos de peligro. El peligro subjetivo como resultado de la percepción propia de la existencia afectada y el peligro real de daño que existe por si mismo en las relaciones de naturaleza, con independencia de que la existencia expuesta lo perciba o no.

El peligro es un efecto indeseado derivado de la relación con algo externo al sujeto, es por tanto heterónomo. Tiene su génesis fuera del sujeto.

La asunción del riesgo.

Una vez posicionado el fenómeno y percibido su peligro, la existencia expuesta al mismo entra en una nueva fase en la que calcula o evalúa tanto la probabilidad de que el peligro pase de potencia a acto, así como la envergadura o monto del daño a recibir.

Esta fase del proceso secuencial que estamos analizando es lo que conocemos por riesgo.

El riesgo es una "evaluación" de probabilidades de daño derivados de la actividad del propio sujeto, es por tanto autonomo y autorreferente. Tiene su génesis dentro del propio sujeto.

Mientras el peligro como percepción se presenta en las inter-relaciones entre elementos en los tres estadios de la naturaleza, el riesgo como evaluación o calculo es potestativo del orden de lo racional, y en el campo que nos ocupa es decir el riesgo social será además potestativo de lo político.

El riesgo como fase de un proceso complejo

De lo expuesto hasta ahora podemos sacar algunas conclusiones aclaratorias:

- Una, que el riesgo no es una percepción, sino una evaluación. Lo que se percibe es el peligro.

Es curioso que esta distinción entre riesgo y peligro sea aceptada por la mayoría de los investigadores del tema para a renglón seguido utilizarlos como sinónimos y confundirlos. Esta libre y confusa utilización que hacemos de los términos peligro y riesgo en su acepción literaria como sinónimos, sin decantarlas en el lenguaje científico como significantes de dos fases distintas de un proceso conlleva que gran parte de las investigaciones teóricas y de campo realizadas como estudios de la "percepción del riesgo", lo que estudian en realidad es la percepción del peligro (Kaplan y Garrick, "On the Quantitative Definition of Risk". 1981)

- Otra conclusión, es que la fuente u origen del peligro y del riesgo no son coincidentes sino que son respectivamente fenómeno y existencia expuesta, es decir los dos extremos de la relación. El origen o la causa de un peligro como fuente potencial de daño es un fenómeno determinado, es externo al sujeto. Pero el riesgo o probabilidad de que ese peligro suponga un daño, no depende ni es consecuencia directa del fenómeno, sino del nivel voluntario de exposición al mismo, es interno al sujeto.

No es lo mismo que a uno lo tiren o empujen al ruedo, que un espontaneo se tire al ruedo. Al primero se le coloca en una situación de peligro, mientras que el segundo asume un riesgo.

Origen del peligro ....... Fenómeno infausto
Origen del riesgo ....... Existencia expuesta

La desagregación conceptual de peligro y riesgo, y bifurcación derivada de sus génesis respectivas, determina que en el mundo que nos concierne, es decir de lo social, el origen de los riesgos esta en la sociedad misma y en su exposición voluntaria, a fenómenos con carga de peligro. Esta decisión social de nivel de exposición a peligros, cae por tanto dentro del terreno propio de la decisión política (Otway y Thomas, "Reflections on Risk Perception and Policy", 1982).

El peligro y el riesgo se encuentran además en las distinciones de dos tipos de sociedad: sociedades de peligro y sociedades de riesgo.

En las primeras, las sociedades son expuestas a peligros ineludibles donde no existe la posibilidad de renunciar a su afrontamiento y por tanto no ha lugar a calculo de riesgo alguno. En las segundas el afrontamiento de los peligros es voluntario y su asunción depende de una evaluación de riesgo y en su caso, su aceptabilidad.

La asunción de un riesgo es una situación en la que la sociedad se pone en peligro a sí misma (Ulrich Beck: La sociedad del riesgo). Esto es importante para poder entender algunas de las claves del rechazo social a algunos aspectos del desarrollo de la energía nuclear así como hacernos ver los déficit de las metodologías de investigación más comunes, como por ejemplo los estudios comparativos entre radioactividad natural y radioactividad industrial: La primera es un peligro exclusivamente, está ahí y punto, mientras que la segunda al ser un peligro eludible supone un riesgo. Intentamos comprender y estudiar la aceptabilidad del riesgo en base a las fuentes de peligro, incluso confundiéndolo con el mismo, lo que se llama clasificación fenotípica, por lo que no solo adelantamos poco en su esclarecimiento, sino que además se ha embolicado de forma farragosa su comprensión. Actuamos como el despistado que busca sus gafas sin percibirse que las lleva puestas; el riesgo es una cualidad intrínseca a las existencia que se exponen a si mismas en situaciones de peligro.

El posicionamiento erróneo de la génesis del riesgo en la fenomenología de la naturaleza y de la técnica, conocido en el argot de las disciplinas aplicadas como "riesgos de origen natural y tecnológico" trata de peligros de origen natural y tecnológico, y conlleva el que los riesgos sean tratado con la metodología y técnicas de las ciencias físicas y de la naturaleza, es decir métodos y técnicas formales, "objetivas y racionales", y que las ciencias sociales hayan seguido el mismo camino incorporando las técnicas y metodologías formales de las ciencias físicas a su campo de estudio (Starr 1969; Farmer 1981; Rowe 1977; Lowrance 1976, etc.). Sin embargo, en la realidad el riesgo no es nunca natural ni tecnológico, es siempre social.

La desarmonía entre las conclusiones y expectativas de la racionalidad formal de la ciencia que informa la decisión política en base a estos puntos de partida, y las actitudes confrontadas a las mismas de individuos y sociedad, ha tenido consecuencias económicas y de desarrollo negativas.

Ante esta situación de desencuentro, las ciencias se han explicado argumentando que las decisiones de la sociedad y los individuos son subjetivas, erróneas e irracionales, que es lo mismo que decir , que si la realidad no coincide con la teoría, es porque la realidad está equivocada. Pero lo cierto es que los pretendidamente racionalistas "objetivos" trabajan con un numero muy restringido de variables mensurables lo que nos lleva a un reduccionismo del problema, mientras que individuos y sociedad incorporan variables culturales, de justicia, equidad, de status y roles, etc., muy difíciles de incorporar al pensamiento racionalista de los ciencias objetivas ( Douglas 1985, Fischoff 1980, Kasperson 1980, etc.).

La situación actual es pues de perplejidad por parte de gobiernos y racionalistas-expertos ante las reacciones sociales de oposición al desarrollo de ciertas tecnologías, en concreto la nuclear, que es la que nos ocupa en este informe, pero ello no hace vislumbrar un cambio en las políticas de análisis de riesgos, pues como dice M. Douglas, "es probable que las generaciones futuras vean el actual impasse intelectual como la consecuencia que tiende a sobrevenir cuando una disciplina teórica (en este caso, la teoría del comportamiento racional) ha generado una poderosa tecnología de análisis que , a su vez, sostiene la intrincada maquinaria de una administración de la que depende la sociedad contemporánea. Es difícil resistir al sesgo que se inculca junto con las normas sociales. Son inútiles las criticas aisladas de las limitaciones de la teoría de la elección racional: esta inserta con demasiada profundidad en nuestras instituciones. Toda mejora tendrá que ser incrementada sobre su base existente. No es de extrañar que los estudios sobre la percepción del riesgo eludan cuestiones profundas"

Variables políticas y atributos religiosos en la aceptación social del riesgo nuclear

Gobiernos y empresas llevan invertidos cantidades ingentes de recursos en intentar conseguir que el uso de la tecnología nuclear como fuente energética sea aceptada socialmente y al día de hoy se puede hablar de fracaso. Estudios sociales, campañas mediáticas de propaganda, políticas de puertas abiertas, etc., y las centrales nucleares siguen estando estigmatizadas y rechazadas por ser consideradas uno de los mayores fuentes de peligro. Muchos gobiernos han tenido que paralizar sus proyectos de desarrollo energético nuclear contrariando las opiniones técnicas especializadas. Todo ello debido a la contestación social.

Gobernantes y técnicos siguen perplejos por la oposición social a un desarrollo tecnológico que en su ecuación de daño-utilidad es nítidamente rentable. Y paradoja más, esta oposición es más virulenta cuanto la sociedad está más desarrollada tanto en lo político como lo cultural. Nudo gordiano en el que estamos inmersos que hasta el momento solo parece que pueda resolverse al estilo de Alejandro Magno.

En resumen, al día de hoy sabemos que existe un rechazo social a la energía nuclear, pero desconocemos los motivos de rechazo o aceptación que la sociedad tiene respecto de la energía nuclear. Son escasos los trabajos hechos en este ámbito, yo no conozco ninguno. Es decir no se ha investigado en que modo el riesgo nuclear afecta a las relaciones del sistema, pero parece claro que el desarrollo de la energía nuclear afecta a alguna o varias de las relaciones fundamentales de cohesión estructural que conforman la sociedad y que son fuentes de legitimación ineludibles de toda actividad social.

Dejamos el tema en este punto por respeto a la temporalidad de exposición, apuntaremos solamente que la energía nuclear tal como ha sido presentada a la sociedad atenta directamente contra varias de las convenciones y relaciones del sistema social, entre ellas los valores democráticos y las religiones trascendentes.(Notas 1 y 2)

Concluyendo, es un lujo que la civilización tenga que renunciar al desarrollo de una fuente energética que parece que le es necesaria, simplemente por el hecho de no haber encontrado el camino para su lograr su aceptación por el sistema social. El propio titulo de esta reunión refleja los equívocos y la confusión que tenemos en el mundo científico respecto de lo social y sus pautas de comportamiento. Solo el empecinamiento nos puede hacer persistir en la idea de que la sociedad es ignorante o inculta, somos nosotros los que ignoramos y desconocemos la lógica de lo social, que hemos confundido, por antropomorfismo, con la lógica racional de sus elementos, es decir de los individuos.

Notas complementarias:

(1) PELIGRO NUCLEAR Y DEMOCRACIA

En las relaciones que configuran la sociedad, hasta hace poco tiempo la única fuente de legitimación científica, social y política era el pensamiento mítico o religioso. Solo se podía decir y hacer aquello que era concordante con la doctrina, incluido el poder político que se justificaba como graciable y potestativo de Dios. Faraones y emperadores tenían que ser ungidos por la divinidad. Las religiones trascendentes, aunque siguen siendo una de las relaciones y fuentes de legitimación mas importantes en la configuración de las sociedades modernas, se ha visto obligada a compartir este poder de legitimación con otras nuevas fuentes, entre ellas la democracia y la ciencia.

En la actualidad para que algo este legitimado socialmente ha de ser científicamente verdadero y tecnológicamente posible, pero ha de ser también democrático y no contravenir las convenciones culturales, morales y éticas que dan sentido al sistema social.

La democracia es un tipo de relación entre ciudadanía y poder político basada en la confianza,( confianza reversible que puede ser retirada si la gestión política no es concordante con las espectativas creadas), a diferencia de la relación en los sistemas absolutistas basada en la fe al dogma o adhesión inquebrantable al líder vitalicio.

La industria nuclear satisface el primer tipo de relación del sistema social, es decir que es una tecnología científicamente verdadera y tecnológicamente posible. ¿Pero es democrática?, que se le pide al ciudadano en relación a ella ¿confianza o fe?

La sociedad desarrollada moderna lo es en tanto que ha conseguido superar los estadios de legitimación trascendente y el absolutismo, por la racionalidad del conocimiento y la participación política o democracia. En esa situación, el desarrollo tecnológico se ha ido despegando tanto del conocimiento común que sus especialistas han devenido en nuevos chamanes de bata blanca, que ante la imposibilidad de hacer común su ciencia piden al resto de la sociedad que tengan fe en sus capacidades y conocimientos. Lo científico deviene así en misterio sagrado en donde los hábitos de los chamanes son ahora las batas blancas de los técnicos.

El riesgo como análisis racional de evaluación de daño de un determinado peligro necesita de modo apriorístico la percepción del peligro. Si no hay instrumento sensorial alguno de percepción de peligro no será posible hacer evaluación alguna de riesgo. El individuo ante un peligro que conoce pero es incapaz de percibir esta incapacitado para asumir riesgos. Podemos sentir la lluvia y su intensidad y calcular el riesgo de salir a la calle o quedarnos en casa. ¿ Pero como percibe el peligro nuclear y la radioactividad derivada?, solo a través del científico-experto. El individuo se queda absolutamente en manos de los nuevos científicos y sin ninguna capacidad para contrarrestar la información que ellos le den.

Esa situación que describimos no se trata de hipótesis, sino de situaciones reales que se han dado en todos los sentidos posibles. Sin irnos lejos en el espacio, en diciembre de 1987, los habitantes de los municipios gallegos de Cee, Concurbión, Finisterre y Muxía autoevacuaron sus pueblos porque un comunicador categorizado de fiable y riguroso por su audiencia, dio la noticia de que la nube que se desprendía del buque CASON embarrancado en la costa gallega, era radiactiva, provocando una catástrofe informativa, precisamente entre una población paradigmática en su convivencia con desastres marítimos, que de pronto se encontró indefensa ante los comunicadores y técnicos que discutían en un argot para ellos indescifrable, sacralizado y desconocido. Las consecuencias de la evacuación fueron desastrosas, algunas industrias como los hornos de una factoría alumínica se apagaron para siempre, las actividades agrícolas y pesqueras se paralizaron , etc.,. Sin embargo aquella supuesta "nube tóxica - radioactiva" era vapor de agua desprendida al contactar el sodio metálico de la carga del buque con el agua. Los ciudadanos no podían contrastar la información que les llegaba y creyeron a los informadores.

En Chernobyl ocurrió todo lo contrario, después del accidente de la central nuclear a los vecinos de la zona se les dijo que no había escape de radioactividad y estos siguieron viviendo semanas en las inmediaciones de la central pescando y cultivando los campos. Tampoco podían contrastar la información que les llegaba de responsables y técnicos. No pudieron percibir el peligro, no pudieron por tanto calcular el riesgo; solo al cabo del tiempo, cuando el daño era irreparable y terrible, sintieron sus efectos.

Es de entender por tanto que en una sociedad políticamente estructurada por valores democráticos, el riesgo derivado del desarrollo de la energía nuclear sea de difícil aceptación puesto que en realidad no se le esta pidiendo que asuma un riesgo mas o menos rentable, sino que se le pretende colocar en una situación estricta y exclusiva de peligro cierto pero imperceptible, y que por la impotencia de contrastabilidad de las informaciones referidas al mismo no ha lugar el dar o retirar la confianza a sus responsables (políticos o empresariales), solo cabe en relación a ellos tener fe o ser ateo.

 

Andrés García Gomez

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